martes, 14 de febrero de 2017

El punto exacto


Es difícil, Samuel, someter a la memoria, caprichosa y voluble. A veces, sin embargo, logramos milagrosamente atrapar algún recuerdo, congelar para siempre un instante, o un lugar, o una presencia. Y una estrategia sencilla (una trampa, más bien) para lograr conservar esos retales de vida es prenderlos (como quien cuelga un pantalón en una percha, sí) a la magia de los sentidos.

Una imagen, un aroma, una melodía..., tienen a veces la virtud de accionar el punto exacto de la consciencia y disparan, en un instante, la prodigiosa maquinaria del recuerdo.

Unas pupilas azules, un perfume dulce, dulce…: son el único rescoldo que me queda de aquella breve noche de San Juan en una playa de Menorca. Con ellas tengo bastante para incendiar mis sueños cada noche.

Hoy te quiero regalar, Samuel, la magia pura de estas notas que sonaban en la verbena aquella madrugada. Tres veces me preguntaste el nombre mientras hacíamos el amor. Espero que sepan pulsar, en el momento justo, el gatillo de tu memoria.

Play.

sábado, 11 de febrero de 2017

El lado derecho


Siempre he preferido el mismo lado de la cama. Me gusta dormir vuelto sobre mi costado izquierdo, palpando con la punta de los dedos el borde del colchón, lejos de la pared. He dispuesto siempre mis camas con el fin de conciliar ambas condiciones, para que el borde izquierdo quede siempre libre y el derecho contra la pared, y me incomoda no tener esa referencia para distinguir cada lado de la cama. Pura manía, lo reconozco.

Sin embargo, desde que te has marchado, me sorprendo varias veces a lo largo de la noche traicionando mi costumbre, vuelto hacia la derecha y a poco de dar con la pared. Trato de corregir la postura una y otra vez, pero es inútil. Invariablemente amanezco cada día en esta nueva posición. Me resigno. Nada puedo hacer por evitarlo. Pienso que hasta las costumbres más tenaces, esas que se mantienen con obstinación de puro absurdas, las echa a perder el amor. Y espero que algún día me vuelvan a llenar el lado derecho de la cama.

La traición circular


A Ana nunca se le habría ocurrido serle infiel. Aquello comenzó simplemente como un juego. Hacía siete años que vivía con Carlos, enamorada. Eso creyó hasta el día en que, indolente, se instaló aquella aplicación de contactos en el móvil, colgó una foto ficticia y dio rienda suelta a sus pequeñas vanidades. Inesperadamente alguien contestó, y así se prolongó la historia hasta que dejó de ser simple entretenimiento. Decidió huir hacia adelante y luego fue la cita, un jueves por la noche. Dudó durante varios días y a punto estuvo de echarse atrás por el camino, pero llegó, y abrió la puerta con decisión, y no hizo falta que lo buscara demasiado. Allí mismo estaba él, en aquel bar clandestino, terreno furtivo, ahogando en una copa las ganas de desaparecer. Al principio fue difícil aceptar la cita, pero luego ya no hubo escapatoria. No se había sentido tan ilusionado desde los comienzos de su relación con Ana, siete años atrás, cuando el amor se les prometía eterno. Nunca se había planteado que las cosas no funcionaran bien hasta el día en que se descargó la aplicación de la que tanto hablaban y allí se encontró con ella. Al principio todo había sido un juego. A Carlos jamás se le habría ocurrido traicionar a Ana.